sábado, 18 de marzo de 2006

Si hay un enemigo que destaque por encima de cualquier otro en los juegos de rol de ambientación fantástica, ese es el dragón. Desde su papel protagonista en "El Hobbit" hasta dar título al D&D, este reptil gigante ha sido el contrincante final en incontables aventuras. Con el paso del tiempo su grado de desafío se ha devaluado un poco, llegando al punto de que algunos jugadores los coleccionan como si se tratase de caza mayor: "yo he matado doce".

El concepto y aspecto de los dragones ha variado con el paso del tiempo. En general se reproduce el arquetipo medieval de reptil o serpiente alada gigante, pero con detalles propios de la literatura de espada y brujería. Un dragón puede ser desde una plaga que arrasa pueblos en busca de alimento y tesoro, y se esconde en las cavernas de una montaña cercana, hasta símbolo de sabiduría, un ser milenario de inteligencia superior que domina la magia y emplea su tiempo en espiar o interferir en los asuntos de los humanos. Sea cual sea el enfoque, los aventureros buscan a los dragones para conseguir algo, ya sean montañas de oro o consejo en algún asunto importante.

Una de las representaciones dragoniles más innovadoras vino de la mano de los creadores de "Dark Sun", el entorno de campaña para AD&D situado en Athas, un mundo desértico y sin vida. En este desierto, los magos de más alto nivel podían comenzar una transformación progresiva en "rey dragón" que les otorgaba dones casi divinos, como el de repartir habilidades mágicas y conjuros entre sus acólitos. Por encima de todos se encontraba el Dragón de Tyr, un verdadero mito viviente que superaba a cualquier otro ser en conocimientos, poder o capacidad destructiva.

Hay visiones más mundanas pero igual de interesantes, como la que aparece en "Castillo de Falkenstein". En este juego cualquiera puede intepretar a un dragón, igual que a un enano o un faérico de cualquier tipo. Sus habilidades están limitadas pero sigue siendo un compañero de grupo impresionante, que puede optar por su forma de reptil o su forma humana según sea más conveniente e incluso usar su aliento de fuego, a la manera clásica. Esta forma de "bajar a la calle" a la leyenda puede parecer trivializarla, pero en la Europa fantástica, un mundo en el que la magia y el reino de las hadas están a la vuelta de la esquina, o caminando por los barrios de las ciudades, es algo natural.

Visto todo lo anterior, a nivel de juego, un master puede optar por dos usos para los dragones: el monstruo o el personaje. Elijamos la serpiente alada destructiva o el personaje sabio, deberíamos tener siempre en cuenta que es con diferencia la más terrible de todas las criaturas, de físico imponente, capacidades sobrenaturales y virtualmente indestructible, excepto para los más grandes héroes (de ahí toda la saga de la Dragonlance). Para saber cómo interpretarlo, cuáles serían sus motivaciones y cómo reaccionaría ante diferentes acontecimientos (como que un grupo de aventureros interrumpiese su sueño centenario) hay que tener en cuenta entre otros estos datos:

* Tipo: Hay muchas razas de dragones, cada uno con sus características peculiares, más grandes, más pequeños, más o menos agresivos, más o menos longevos... que los jugadores reconozcan el brillo de unas escamas y sepan a que atenerse le da color al mundo.

* Edad: En general los dragones suelen tener miles de años, o como mínimo cientos. La fase de crecimiento de un dragón define su poder, lo que conoce del mundo y su experiencia a todos los niveles. Un dragón joven puede estar más inclinado a aprender, o todo lo contrario, a atacar, que uno que ya sepa lo que puede esperar de los humanos o como manejarlos.

* Experiencia pasada: Relacionado con lo anterior, la virtual inmortalidad de los dragones hace que puedan conocer a diferentes familias de reyes y príncipes, vivir intrigas, traiciones y guerras, admirar el talento de creación humano y su capacidad de destrucción. Aquello con lo que se haya enfrentado un dragón determinará su personalidad.

* Entorno: No es lo mismo encontrar un dragón de batalla, pertrechado para asaltar un castillo, que viajar a una comarca que lleva en paz mucho tiempo y hallar en una caverna a uno anciano que lleva media vida en paz. Tampoco reaccionará de igual forma un dragón acostumbrado a los espacios abiertos o a la libertad de los entornos rurales y las montañas, que uno que se haya autoexiliado para servir como bibliotecario especializado en hechicería en las catacumbas de Sharn, la Ciudad de Torres.

* Personalidad: Último pero no menos importante, y relacionado con todos los puntos anteriores. Un dragón es un personaje con todo lo que eso supone, sus gustos, manías, afinidades y odios... que los humanos no sepan entenderlos es normal si tenemos en cuenta la abismal diferencia entre ellos y estos grandes saurios. Un dragón no tiene por qué dar explicaciones.

Por encima de todo, un dragón es un ser casi ajeno a las sorpresas, que está acostumbrado a que nada pueda interponerse en su camino. Si es un monstruo, es el final de la cadena alimenticia, si es un sabio, lo que pueda contarle cualquier humanoide será una minucia comparado con su propia experiencia. Son un desafío, y la mejor forma de plantearlo es pensar ¿qué haría yo, o cada uno de mis jugadores, con un poder (físico y mágico) casi infinito y tiempo para usarlo?

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