lunes, 6 de febrero de 2006

Una de las primeras partidas "tipo Cthulhu" que hice para probar mi sistema porcentual modificado estaba ambientada en Londres, y tenía un planteamiento muy sencillo: el grupo de personajes era contratado para encontrar a un individuo desaparecido hacía unos días. Estaba pensada como una aventura de exploración con toques paranormales, y tanto las situaciones como los diferentes actores eran referencias clásicas al "survival horror", Lovecraft o las películas de terror. Un detalle destacaba sobre todo lo demás: en el sótano de la casa de las afueras a la que finalmente iban a parar, había lo que parecía ser un antiguo pozo sin fondo.

Antes de llegar a él los jugadores ya se habían encontrado con un siniestro hombre de negro vigilando la casa, un extraño conjuro de silencio funcionando en la puerta trasera, signos de rituales satánicos en el desván y para rematar, un cadáver despellejado cayendo por las escaleras del segundo piso. Mientras intentaban unir todos estos elementos del puzzle con la poca información que tenían para darle un poco de sentido al asunto, decidieron explorar la última estancia que quedaba, el sótano. Allí en un nicho encontraron un libro, mezcla de grimorio y diario personal, y tras seguir por un pequeño pasillo, en una habitación cuadrada vacía, el pozo. Desecharon tirar una piedra para ver su profundidad (por lo que pudiera pasar), pero sí que ataron una cámara de vídeo y una linterna a una cuerda y comenzaron a hacerla descender...

Después de ver "The Ring" uno ya no mira esos agujeros en el suelo de igual forma. Pero incluso antes de eso, los pozos, oscuros, húmedos y llenos de musgo, podían poner los pelos de punta a cualquiera. Porque ¿quién se va a asomar con tranquilidad mientras el agua gotea y se escucha el chapoteo de cosas desconocidas en la distancia? En el lado opuesto está la natural curiosidad del que piensa qué puede haber allí abajo ¿será una cripta secreta? ¿Una entrada a las cavernas? ¿El cadáver del dueño de la casa atado con pesas? O quizá sea la "puerta" a otro lugar, si no el mismo Infierno, algo igualmente terrorífico.

Éste es un buen ejemplo de un elemento de escenario que puede dar pie a muchas historias, como la puerta secreta en la biblioteca o el viejo desván. Edgar Allan Poe era un maestro aprovechando lugares así, porque conocía nuestros temores más básicos. Explorar en la oscuridad un túnel estrecho y fangoso, con el temor constante a ahogarte, quedar atrapado, o topar con algo innombrable. Situar un viejo pozo tapiado en el jardín de la casa donde se alojan los personajes y luego llenar las pesadillas de uno de ellos con imágenes de cuevas y catacumbas sumergidas puede ser un buen comienzo para una sesión o simplemente una subtrama que desarrollar más adelante.

En la aventura que comentaba al principio, los jugadores hicieron descender la cámara, pero no llegaron a divisar el fondo del pozo antes de que se les terminase la cuerda. Cuando ya se planteaban subirla de nuevo, la débil luz de la linterna iluminó algo moviendose, y lo siguiente que captó el objetivo fueron unos ojos bulbosos y unos dientes que lo destrozaron. El ruido de uñas clavándose en la piedra, cada vez más cerca, hizo huir a todos, pero antes de que alcanzasen la escalera la criatura ya había salido. Era un humanoide encorvado, con las piernas cortas plegadas hacia atrás y los brazos tan largos que arrastraba sus garras por el suelo. Tenía la piel transparente, lo que permitía ver su esqueleto cartilaginoso, una cabeza grande y desproporcionada, con los ojos sobresaliendo como dos globos, y varias hileras de colmillos. Al verlo el grupo abrió fuego con un revólver y una escopeta desde el pasillo, más con la esperanza de retrasar su avance que de derribarlo... .

Y por resumirlo, tras mucho sufrir consiguieron salir maltrechos pero vivos, lo suficiente como para poder contar luego delante de una cerveza una anécdota más: lo mal que lo pasaron con "la cosa del pozo".

1 comentarios:

  1. Aparte del pozo en sí mismo la gracia está en como lo describes.. Tú mismo das pie a algo terrorífico en un entorno terrorífico.

    Pero si describimos esto mismo de forma distinta la cosa cambia (no es lo mismo que hablar de un agujero profundo, por poner un burdo ejemplo).

    A mí me gusta mucho esta forma de jugar con la imaginación, temen más por lo que se imaginan que no por lo que ven... Así funcionan la mayoría de nuestros miedos, porque contra nuestra propia imaginación estamos indefensos.

    Un saludo.

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