lunes, 23 de enero de 2006

Calígula era de palabra fácil e ingeniosa, sobre todo cuando se dedicaba a insultar a sus enemigos o se encontraba enfurecido. Despreciaba la elegancia y los adornos en el estilo, y por tanto a Séneca, autor en boga en aquella época. Le gustaba responder por escrito a los oradores de más éxito, y actuar como acusación o defensa en los juicios de personajes ilustres. Su preferencia no era arbitraria, siempre elegía el bando en el que sus discursos pudiesen causar más efecto.

No se puede acusar a Calígula de poco activo: combatió como gladiador, condujo carros en el circo, fue actor y bailarín. Habitualmente perdía el control cuando presenciaba cualquier espectáculo y se sumaba en el escenario a la representación. Como nota curiosa, nunca aprendió a nadar.

En todos los momentos de la vida cotidiana ponía en práctica Calígula su locura. Castigaba con extrema saña aquellos que cometían algún error o alguna falta en su presencia, ya fuese en los banquetes o en el circo. Es famosa la anécdota en la que, a la pregunta de sus invitados de por qué se estaba riendo, les respondió que “Porque con una sola señal os puedo hacer estrangular a todos”. En los banquetes también aprovechaba para acostarse con las mujeres de sus invitados, haciéndolas pasar delante suyo y observándolas como si fuesen cortesanas o simple mercancía. Luego se llevaba aparte a una elegida y al rato volvía relatando sus “hazañas”, ridiculizándola y contando detalles escabrosos.

Prohibió que se realizase ninguna estatua de hombre vivo sin su consentimiento, y ordeno quemar las obras de Homero, estando a punto de hacer lo mismo con las de Virgilio y Tito Livio.

Fue un envidioso mortal, hasta el punto de enviar a la muerte en el circo a todo aquel que destacase por su belleza o por algún rasgo en particular. Le disgustaba que el público favoreciese a otro que no fuese él, robándole el centro de atención. Su venganza casi siempre conllevaba la muerte o la humillación pública.

Calígula también era conocido por ser un tremendo despilfarrador. Sus banquetes y fiestas no tenían igual, llevando la exageración al máximo. Condimentaba las comidas con oro, y a veces tragaba perlas disueltas en vinagre. Hizo construir barcos adornados con piedras preciosas, palacios, casas de campo, todo a su capricho y sin respetar las normas de la edificación o de la lógica. Construía en sitios imposibles, elevando llanuras o allanando montañas, y en todo exigía la máxima rapidez. Con este nivel de vida, en poco tiempo dilapidó la fortuna que le había dejado Tiberio, quedándose prácticamente en la miseria. Resuelto a no cambiar por nada sus hábitos, utilizó todo tipo de artimañas y trampas para hacerse con las fortunas de los ciudadanos de Roma. Invalidó títulos, herencias y testamentos, condenando a todo aquel del que pudiese obtener un beneficio. También organizó subastas públicas de los restos de los espectáculos, obligando a algunos ciudadanos a participar y fijando él los precios. Muchos, arruinados al tener que comprar baratijas a precios desorbitados, llegaron incluso a suicidarse.

Creó impuestos nuevos, a todo lo imaginable, desde la venta de comestibles a los juicios, pasando por la prostitución y hasta el matrimonio. Según se cuenta, llegó a organizar un prostíbulo en su propio palacio, ocupado por las mujeres e hijas de los nobles. Sus criados recorrían las plazas públicas ofreciendo los servicios de estas cortesanas a todo aquel que pasaba. Tras el nacimiento de su hija, recibió regalos en forma de dinero de gran número de personas, y su pasión por la riqueza llegaba ya a tales extremos que le gustaba revolcarse sobre montones del oro que acumulaba.

En lo bélico Calígula no destacó, aunque le gustaban los honores militares. En su única expedición, demostró de nuevo su carácter desequilibrado, exagerando todo lo que hacia y llegando a fingir varias victorias sobre grupos de germanos, que en realidad eran gentes de su propio séquito disfrazadas. Planeó acabar con las legiones que siendo él niño se sublevaron tras la muerte de Augusto y tuvieron sitiado a su padre, Germánico. No pudo llevar a cabo su engaño y tuvo que volver a Roma a petición del Senado. Si por algo se distinguió fue por su evidente cobardía. Dos veces, ante la amenaza de ataque de los germanos, huyó sin importarle nada más que salvar su vida. En la primera de ellas, una simple frase sobre la posibilidad de un ataque le hizo dar media vuelta y escapar al galope. Como los soldados obstruían el puente que tenía pensado cruzar, se hizo alzar en brazos por encima de ellos para llegar al otro lado. En la segunda ocasión, huyó en barco, declarando que no le importaba nada perder ese territorio, a pesar de que el peligro estaba más en su cabeza que en la realidad.

Tantos desmanes y tanta crueldad hicieron que se fraguasen en su contra varias conspiraciones. Algunas no se llevaron a cabo o fueron descubiertas, pero no así la del tribuno Casio Querea. Calígula parecía estar al tanto de todas las maniobras y planes para asesinarle, pero aunque reprendió en público a los supuestos conspiradores, no tomó ninguna medida más. Querea le odiaba por las continuas humillaciones a las que le sometía, riéndose de su vejez y acusándole de cobarde y afeminado. Varios prodigios y premoniciones debieron poner en guardia al emperador, pero los malinterpretó, no supo verlos o tomarlos en serio. Incluso los oráculos de Anzio le previnieron contra un Casio, pero al no poder concretar más, ordeno asesinar al que no era. Finalmente, el 9 de las calendas de febrero, después de levantarse para comer, los conjurados le acorralaron en una bóveda y después de herirle Querea en primer lugar, el resto le asestó treinta puñaladas. Su guardia germánica no pudo salvarle, aunque dio muerte a varios de sus asesinos. Su mujer y su hija fueron asesinadas también en ese momento. Así murió Calígula a los veintinueve años, después de reinar durante casi cuatro.

En un primer momento nadie en Roma creyó la noticia de su muerte, pensando que se trataba de otro de sus engaños crueles para ver su reacción y reconocer a los que menos le querían. Tánto temor inspiraba Calígula.

2 comentarios:

  1. No sé ni cómo he llegado aquí, pero Calígula está visto que era un crack, buen artículo

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  2. nada que ver con la muerte de caligula en la pelicula "demetrio el centurion", que vi en semana santa, en la que es muerto por una jabalina que le lanza un soldado de la guardia pretoriana.....las peliculas religiosas se toman muchas licencias

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