jueves, 19 de enero de 2006

Semblanza basada en "Los Doce Césares" de Suetonio.

A la muerte de Germánico, hijo adoptivo de Tiberio, éste nombró coheredero al trono a su hijo Cayo Calígula y a su propio nieto Tiberio Gemelo. Cayo se ganó sobrenombre de Calígula debido a haber pasado su infancia en campamentos militares, calzando una bota característica de los soldados llamada “caliga”. Finalmente el Senado y el pueblo romano, que admiraba a su padre Germánico, decidieron que Calígula gobernase en solitario, con la esperanza de que su mandato fuese más moderado que el de su predecesor. Según se cuenta, para asegurarse el poder, Calígula mandó asfixiar a Tiberio mientras se encontraba agonizando, si no le estranguló con sus propias manos.

Calígula no era agraciado físicamente: alto y delgado, muy pálido y velludo, prohibió que cualquiera le mirase por encima o pronunciase en su presencia la palabra "cabra". Practicaba delante de un espejo aquellos gestos que pudiesen hacer su rostro, ya de por sí feo, aún más horrible. Calígula no estaba sano ni de cuerpo ni de mente. A su evidente desequilibrio, manifestado en sus acciones, se sumaba una epilepsia que sufría desde niño. Siempre fue trabajador, a pesar de los ataques repentinos que le dejaban sin fuerzas e incapaz de moverse. Sufrió de insomnio, no consiguiendo dormir más de tres horas cada noche, y cuando lo lograba siempre le perseguían extrañas pesadillas. De ahí su afición por caminar por las galerías de su palacio a altas horas de la madrugada. A estos defectos se añadió el de la extrema arrogancia, y por contraste, el de la mas absoluta cobardía, tánta que la más pequeña de las tormentas le hacía huir a esconderse en su cama.

Su descuido o extravagancia en el vestir hacía aún más extraña su apariencia. Una veces se vestía con sedas, y otras con mantos, a veces se calzaba con botas militares, otras con zuecos o zapatos de mujer. Llegó a disfrazarse como un dios, y mandó sacar la coraza de Alejandro Magno de su sepulcro para ponérsela.

En un principio Calígula fue un gobernante benévolo, organizó espectáculos y ofreció al pueblo regalos y comida. Ejerció el consulado, terminó monumentos, repartió importantes sumas de dinero en forma de indemnizaciones, devoluciones de impuestos o simplemente obsequios. En general trató de ser justo y de promover el ideal de virtud.

La admiración del pueblo y los halagos de nobles y reyes convencieron a Calígula de su majestad divina, y desde ese momento su comportamiento se volvió desequilibrado. Se hizo adorar como un dios y mandó traer las estatuas todas las estatuas griegas, incluida la de Júpiter, a la que sustituyó la cabeza por la suya.

Renegó de sus orígenes y mandó matar a su primo Tiberio, al que inicialmente había honrado como pariente suyo, y obligó a suicidarse a su suegro. Perdonó a su tío Claudio solamente para poder burlarse de él, aunque paradójicamente a su muerte, al ser el familiar más directo de Germánico con vida, fue nombrado su sucesor. Cometió incesto con todas sus hermanas, amando realmente a Drusila, que falleció prematuramente. A las otras dos, Agripina y Livila, las despreció, prostituyéndolas y haciéndolas condenar por adúlteras y cómplices en una conspiración en su contra. Se casó con quien le apeteció, haciendo separar a esposas de sus maridos legítimos, aunque con la única con la que fue constante fue con Cesonia, que compartía al parecer sus exagerados gustos.

Nadie estuvo a salvo de su crueldad: ordenó matar a parientes, senadores, cónsules, y caballeros. Ordenaba echar a todos los prisioneros a las fieras en los espectáculos, según le apeteciese, o mandaba salir a la arena a cualquier ciudadano, con pretextos absurdos. Torturaba a todo aquel que le desagradase, aun por los motivos más ridículos. Mandó matar a aquellos que se encontraban desterrados, para que no rogasen en secreto por su muerte.

Era tan cruel en sus acciones como en sus palabras, o incluso más, ya que amenazó con la muerte a mucha más gente de la que ajustició. A los que iban a ser ejecutados, decía que “se les hiriese de forma que se sintieran morir”. También suyas son las frases “Que me odien con tal de que me teman” y “Que pena que el pueblo romano no tenga una sola cabeza”.

1 comentarios:

  1. Calígula es el ejemplo de lo que le ocurre a una mente enferma cuando se le da poder absoluto.

    Si la más mínima de nuestras órdenes se cumpliera inmediatamente, sin cuestionarse... ¿no nos volveríamos todos un poco locos?

    ¿No despreciaríamos al resto de seres humanos? Después de todo, su vida pende de nuestras manos.

    Platón tenía una fábula sobre un hombre que encontraba un anillo que le concedía la invisibilidad y otros poderes (sí, como el de El Señor de los Anillos, de hecho Tolkien se lo copió de él) y el filósofo se preguntaba si un hombre que ahora disponía de grandes poderes seguiría comportándose correctamente, cuando ahora podía robar, violar y matar impunemente.

    Lo mismo le ocurre a un emperador o cualquier gobernante abosluto.

    Calígula es un perfecto ejemplo de como construir un malo para nuestras partidas de rol que sea absolutamente odioso y al mismo tiempo provoque un poco de compasión: es peligroso, pero lo es porque está loco y le han concedido el poder absoluto.

    ¿Es su culpa? Quién sabe...

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