sábado, 17 de diciembre de 2005

A primeros de diciembre de 1952 una densa niebla de color extraño cayó sobre Londres, cubriendo la ciudad por completo con un manto oscuro y pestilente. Permaneció sobre la capital durante menos de una semana, pero al levantarse, cerca de 4000 personas habían perdido la vida debido a problemas respiratorios. Muchos miles más se rumorea que perecieron en los meses siguientes debido a complicaciones cardiopulmonares.

Pero ¿qué era aquella niebla mortal y cómo llegó a formarse? La respuesta hay que buscarla en varios factores, los primeros el intenso frío de aquel invierno en Inglaterra y la principal fuente de calor de los londinenses: las estufas de carbón. Por si fuera poco los tranvías habían cambiado su método clásico de propulsión de electricidad a diesel, y en una urbe cuyo aire nunca se había recuperado totalmente de los efectos de la industrialización, el escenario estaba preparado para la tragedia. Aquella fatídica semana el aire helado atrapó el humo de las chimeneas y no lo dejó disolverse en la atmósfera, provocando que a ras de suelo las condiciones fuesen terribles y la visibilidad casi nula.

La gente abandonaba sus vehículos en las calles, incapaces de seguir virtualmente ciegos, viendo tan solo unos pocos metros de la carretera y temerosos de sufrir un accidente. Se suspendieron funciones porque los teatros se llenaban de niebla negra, los padres no dejaban a sus hijos salir al colegio por miedo no tanto a que se asfixiasen como a que se perdiesen. En los hospitales los enfermos llegaban sin cesar, saturando el servicio... al igual que en las funerarias. El índice de muertes semanal de Londres se multiplicó en esos días.

Finalmente la niebla se levantó y la vida volvió a su ritmo normal. Alarmado por lo sucedido, el gobierno británico decretó varias leyes para vigilar la polución, prohibiendo la quema indiscriminada de carbón en el area metropolitana, así como la regulación de las emisiones a la atmosfera tanto de particulares como empresas. Cincuenta años después, el cielo de Londres puede verse despejado de nuevo, aunque las manchas negruzcas en algunos edificios siguen recordando aquella fatídica semana de diciembre en la que todo se oscureció.

En el juego
La niebla mortal puede usarse como elemento de una partida de La Llamada de Cthulhu o cualquier juego de terror con ambientación moderna. También funcionaría en entornos medievales fantásticos, pero la polución tiene más personalidad si surge del mundo industrializado, como algo originado a medias entre lo sobrenatural y lo mecánico.

Tanto su origen misterioso, como su capacidad de matar y a la vez de "encubrir" algo pueden darnos ideas para desarrollar. Quizá este aire venenoso haya sido invocado para camuflar algo que va a emerger del Támesis, o los asfixiados sean el sacrificio previo para que esto ocurra. Una trama más victoriana y propia de El Castillo de Falkenstein, la niebla puede estar siendo emitida por una máquina infernal creada por una sociedad secreta que desea hacer chantaje a la Corona Británica.

Como siempre la tarea de los jugadores será descubrir lo que hay detrás e impedir estos macabros planes. Para añadir urgencia al asunto ellos mismos, o algún conocido, pueden estar enfermos y tener escasos días para limpiar el aire (lo que sea posible) antes de perecer. ¿Y qué mejor lugar para conocerse que un hospital? Ya sea como amigo, familiar, paciente o incluso doctor, lo extremo de la situación les impulsará a trabajar juntos en esa causa común.

3 comentarios:

  1. ¿Pero de donde sacas toda esta información historica?

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  2. De documentales del History Channel y el National Geographic, enciclopedias y periódicos online (la Wikipedia sobre todo), Google, libros y revistas que tengo amontonados por aquí... . La mayoría de las veces las historias llegan a mis oidos por casualidad y si me parecen interesantes me pongo a investigar.

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  3. es impresionante como todo esto nos deja sin palabras y pues en el mundo somos miles y podemos salvar aq nuestrio mundo de todo esos eventos proximos a venir en un futuro no muy lejano

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