lunes, 3 de octubre de 2005

Una parte importante de la ayuda de juego Angelorum es lo que yo llamo "sistema de fe", la manera de representar y controlar la presencia de ángeles y demonios en nuestro mundo. Este conjunto de reglas es el que explica cómo estas criaturas sobrenaturales obtienen su poder y pueden interactuar con nuestra realidad.

Como su nombre indica, el sistema se basa en la fe, la creencia de la gente normal en que existe algo por encima de ellos, Dios (independientemente de cual) y un contrincante, personificado por el Diablo. Esta creencia, que puede ser más o menos fuerte dependiendo de cada persona, es relevante a la hora de saber qué puede hacer un ángel y por dónde puede moverse. Para hacernos una idea, a los ojos de un ángel la Tierra sería un gran globo de oscuridad, en la que los creyentes actuarían como faros o columnas de luz, estableciendo "zonas seguras". Los ángeles estarían limitados a actuar en esas zonas, y su poder se mediría por el número de creyentes que haya en ellas.

A la inversa, un demonio podría caminar por cualquier lugar en el que no existiesen creyentes o fuesen contrarrestados por satanistas, y no podría acercarse a las "zonas de luz". Entre uno y otro lado habría zonas de penumbra, abiertas a ambos bandos pero muy inestables y en las que la supervivencia estaría definida por el poder de cada uno. En la penumbra sería donde se librarían la mayoría de los combates directos entre ángeles y demonios.

El sistema de fe permite detalles como establecer zonas consagradas o malditas permanentes, el uso de reliquias benditas o corruptas que potencien o debiliten a los creyentes de una zona, etc. Una idea interesante es que tanto el bando celestial como el infernal tendrán "emisarios" humanos que cumplan tareas en las zonas de luz y oscuridad que serían inaccesibles de otra forma. A nivel de juego esto puede suponer que los jugadores tengan una ficha "humana" aparte de su ficha de personaje angélico o demoníaco. O que no necesariamente todo el grupo deba estar compuesto de ángeles, sino ser mixto para afrontar las misiones de forma más versatil.

De esta manera la guerra en la Tierra se convierte en un juego de ajedrez por el mantenimiento o la destrucción de la fe. Podemos imaginar cómo en la Edad Media toda Europa era casi un santuario para los ángeles, mientras que ahora se refugiarán en pequeños reductos, moviéndose inseguros por extensas zonas de penumbra. Hay muchos aspectos que pueden explotarse, por ejemplo los diferentes tipos de fe: desde la más débil de aquellos que han sabido de la existencia de lo sobrenatural, y por tanto tienen pruebas para creer en la Gloria Divina, a la más poderosa de todas, la de los que creen sin ver. Esta última es tan necesaria que justifica gran parte del secreto que rodea el conflicto y que los seres humanos sólo sean puestos al corriente de lo que ocurre en casos extremos.

A partir de aquí las posibildades de aventura son infinitas, pero siempre con ese juego de poder en mente.

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