martes, 18 de octubre de 2005

Esos ojos de cristal vacíos se posan en ti y un escalofrío te recorre la espalda. Igual que cuando esa mandíbula extrañamente articulada comienza a abrirse y el muñeco habla... sin que la familiar figura del ventrílocuo esté tras él. Pieza central de muchas pesadillas y de incontables películas de miedo, esas pequeñas criaturas que no son ni juguetes ni autómatas nos aterrorizan y nos fascinan a partes iguales.

Si algo nos atrae de ellos es ese componente "humano", vivo pero a la vez muerto, parlante pero artificial. Su tamaño y su aspecto inocente como de niño suele quedar deformado por las palabras que salen de su boca, muchas veces mordaces y traviesas. Pensándolo esas actuaciones tienen algo de mágico, porque el ventrílocuo da vida a algo inanimado aunque pretende que él no tiene nada que ver y está tan sorprendido como nosotros.

Muchos profesionales coinciden en que Edgar Bergen y su muñeco Charlie McCarthy han sido la mejor pareja que ha habido sobre el escenario, creando escuela por todo el mundo. Sus elegantes actuaciones en los años 30 vestidos con frac, chistera y monóculo inspiraron a varias generaciones posteriores de ventrílocuos. La inteligencia de sus diálogos y su compenetración era perfecta... casi demasiado. Cuando nació la hija de Bergen, Candice (hoy conocida por la serie "Murphy Brown"), el muñeco se interpuso entre ambos, hasta el punto de que siendo adulta le achacaría el distanciamiento con su padre, recordando con desagrado su constante presencia en la casa y sus ácidos comentarios hacia ella.

Inspirado en esa idea del "muñeco malévolo" los Ealing Studios rodaron en 1945 "Dead of Night", película en la que se incluía un episodio con un ventrílocuo que sufre la persecución de su diminuto "otro yo". En 1978 sería Richard Attenborough el que retomaría esa idea en "Magic", con Anthony Hopkins como víctima de Fats, su alter-ego en el escenario.

El ejemplo más reciente de muñeco "diabólico" es el que protagoniza una parte de la película "Saw", haciendo de siniestro intérprete para el asesino psicópata. Los hay de muchos tipos, pero los que tienen ese aire clásico de principios de siglo, con sus trajes impecables y sus pequeños rostros sonrientes son los que más impresión causan. ¿Y cuál es el mejor lugar para encontrarlos? La tienda de un anticuario, sin duda.

En el juego

El muñeco es un antagonista y no un artefacto, un enemigo que puede perseguir a los personajes y urdir planes en su contra aunque ellos no sepan muy bien cómo es capaz de hacerlo, ya que jamás le verán moverse. Lo más sobrenatural que presenciarán será su voz surgiendo de sus labios sin que nadie lo maneje.

La explicación de lo que ocurre puede ser de todo tipo. Quizá esté poseído por el espíritu de un antiguo dueño o tenga alguna capacidad especial para dominar a aquellos que lo usan, obligándoles a cometer actos malvados. Quizá sea un portal por el que duendes o demonios cruzan a nuestro plano, o encierre en su interior las almas de aquellos que sucumbieron a él. Lo importante es que una criatura de este tipo nunca será buena, hará todo lo posible por crear un baño de sangre a su alrededor, del que naturalmente saldrá impune porque ¿quién va a sospechar de un mero utensilio teatral?

Como apunte final hay que decir que es muy probable que los jugadores adivinen con rapidez quién está detrás de todo, en especial si son fans de las películas de terror. Para evitar que acudan directamente a quemar al muñeco hay que ponerlo fuera de su alcance, haciendo que sea parte de la colección de un museo (como ocurre con Charlie McCarthy, que se encuentra en el Smithsonian), que pertenezca a un rico coleccionista, que sea un regalo que alguien le haga al presidente o similar. Llegar hasta él y eliminarlo debe ser un reto tan grande o mayor que averiguar qué está ocurriendo. Pero tendrán que tener cuidado, porque a su espalda, en las sombras, siempre habrá una diminuta figura conspirando en su contra... .

1 comentarios:

  1. Hace tiempo echaban por la tele una serie de miedo llamada Misterio para tres o algo así.

    En uno de los capítulos, aparecía el tópico del muñeco viviente con una curiosa variante: si el ventrílocuo mataba a una persona, el muñeco se animaba, volvía la vida, con lo que el artista podía realizar grandes espectáculos.

    Si durante una semana el ventrílocuo no mataba a nadie, el muñeco se animaba y lo mataba a él.

    Esta esclavitud (ser el mejor, pero pagar un alto precio por ello) me parece una idea interesante para una partida con un muñeco viviente.

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