sábado, 29 de octubre de 2005

A la muerte de Alejandro Magno, el más grande general de todos los tiempos, no sólo el territorio que había conquistado se convirtió en motivo de disputa entre sus herederos o aquellos que se encontraban a su alrededor. También su cadaver adquirió casi el estatus de reliquia, símbolo de un poder que se desvanecía, y como tal su emplazamiento final fue una cuestión de vital importancia. Él mismo ya había dejado claro que deseaba ser enterrado junto a su padre. Poco imaginaba dónde le llevaría el devenir de los acontecimientos.

Embalsamado y colocado sobre un lujoso carro construido especialmente para la ocasión, en el viaje de regreso hacia Macedonia ocurrió un imprevisto: Ptolomeo, antiguo amigo y compañero, ahora gobernador de Egipto, interceptó la comitiva y retuvo el sarcófago con el cuerpo en Alejandría, la ciudad que el propio Alejandro fundó, donde sería expuesto durante siglos. La leyenda dice que incluso Julio Cesar lo contempló. Con el paso del tiempo su pista se perdería, aunque se sospecha que el cadáver podría estar enterrado en los subterráneos, concretamente bajo la mezquita de Daniel.

Alejandría
Conocida hoy en día por su faro, una de las siete maravillas del mundo, y su biblioteca de más de 700.000 papiros, que albergaba el saber de muchos pueblos, en su momento álgido Alejandría llegó a rivalizar con Roma en esplendor. Una serie de catástrofes y cambios produjeron su declive y que quedase reducida a casi un pequeño pueblo, cediendo su protagonismo a otras ciudades de Egipto. A pesar de todo nunca dejará de tener el honor de haber sido fundada por Alejandro Magno y ser su último lugar de descanso.

Lugares de interés para aquellos que la visitan son la Columna de Pompeyo, último vestigio del antiguo templo Serapeo, erigido en honor a Serapis, dios barbudo protector de Alejandría. No muy lejos se encuentra el cementerio árabe y bajo él las catacumbas, un enorme complejo funerario en parte cegado y explorar. En la propia ciudad los conductos subterráneos y cisternas que ayudaban a canalizar el agua, utilizados para sepultar a difuntos de renombre, también podrían esconder algún secreto.

En el juego
La búsqueda del sepulcro de Alejandro puede parecer sencilla porque todas las pistas apuntan a un lugar donde empezar, pero es un reto que ha mantenido en vilo a sus seguidores, fanáticos e historiadores durante siglos. Incluso ha habido "falsas alarmas" de arqueólogos que pensaban haber localizado el emplazamiento del mausoleo en las cercanías o en algún oasis perdido en el desierto. Si nos ponemos a imaginar podemos pensar que habrá muchos intereses enfrentados entre aquellos que quiera revivir la vieja gloria del conquistador y los que prefieran que duerma tranquilo por los siglos de los siglos.

Lo cierto es que para un investigador la primera tarea será averiguar qué está buscando. Se sabe que su momia fue introducida en un sarcófago de oro y la tradición dice que permaneció en él hasta que un descendiente de Ptolomeo decidió trasladarlo a otro de alabastro translúcido y posteriormente a uno de cristal (para fundir el original y acuñar moneda, un sacrilegio que podría haber influido en la caída de la propia Alejandría). Asi que podemos estar buscando desde un cuerpo embalsamado sin ningún adorno a una fastuosa urna, en un templo cubierto por las dunas o en un modesto nicho camuflado entre otros cientos... por no hablar de la posibilidad de hallar otros objetos: la armadura de guerrero que fue enviada con él en el carro ceremonial, su casco, su espada, monedas malditas derivadas de sarcófago original... .

Cualquier coleccionista daría lo que fuese por poseer una parte así de la Historia, pero puede haber otros interesados, más siniestros. Megalómanos deseando tener un símbolo con el que iniciar una conquista de Europa y Asia, logias que persigan poseerlo para utilizarlo en rituales de iluminación... . Quizá la investigación conduzca a una tumba vacía y se descubra que Alejandro, general de generales, ayudado por las diferentes formas de hechicería que conoció en sus campañas, consiguió finalmente eludir a la muerte (o volver de ella de una forma u otra), y se encuentra todavía caminando sobre la Tierra.

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