viernes, 17 de junio de 2005

Hace miles de años, cuando los dioses caminaban sobre la Tierra, no había nadie que no creyese en su poder y los adorase, en cualquiera de sus múltiples formas. Se les podía ver, se sentía su influencia en la vida cotidiana y su furia en cada terremoto o tormenta. Con el paso del tiempo, los viejos dioses dieron paso a otros nuevos y estos finalmente a una "fe" totalmente diferente: la del racionalismo científico. A partir de ese momento las antiguas tradiciones se perdieron en el olvido o fueron etiquetadas como simples supersticiones ancestrales que poco tenían que ver con el mundo "real".

A la vez que los dioses comenzaban ese éxodo hacia el reino de la imaginación, también lo hacían las hadas, los duendes y los monstruos. La magia perdía su poder y los magos su razón de ser. Todo lo que no estuviese formado por engranajes y funcionase por principios físicos conocidos era imposible. Así llegamos hasta el día de hoy, en el que sólo en remotos lugares o en la mente de los niños siguen manifestándose los espíritus como antes.

En este punto hay que hacerse muchas preguntas. ¿Cómo empezó todo? ¿Existían realmente los dioses antes de que los seres humanos pensasen en ellos? Quizá cobraron vida cuando el primer "creyente" los intuyó entre el rugir de los truenos. A medida que otros se unían a él fueron cobrando más y más fuerza hasta volverse tangibles, y en un momento dado, pisaron la Tierra como cualquier mortal, henchidos de poder gracias a la fe de sus seguidores.

De la misma manera, en bosques perdidos los unicornios fueron tomando forma. Junto a las granjas, la muerte inexplicable de animales o el agriar de la leche empezó a ser atribuido a malévolos duendes. Nuestros mejores sentimientos se transformaron en ángeles y la sombra del pecado y la seducción en demonios.

Estando rodeados por tanta energía sobrenatural, era normal que algunos seres humanos tratasen de dominarla, y así aparecieron los primeros hechiceros, magos y brujas. Mientras los sacerdotes canalizaban el poder divino, ellos lo extraían directamente de la naturaleza o lo robaban de otros planos de existencia para sus propios fines.

Pero con el paso del tiempo hubo hombres que buscando su propia razón de ser también trataron de encontrar la del mundo, y comenzaron a explicarlo todo en base a los datos medibles y a "ciencia". Desterraban así de su mente y de lo que ellos consideraban la "realidad" cualquier cosa que no se pudiese encerrar en un bote, fotografiar y exhibir. Descubrieron que la tecnología les otorgaba otro tipo de poder, uno sin alma que les liberaba de la necesidad de creer, y como tener fe siempre es difícil prefirieron eso antes que conservar las ideas de sus antepasados.

A medida que la gente se convertía a esta nueva religión de las máquinas, privaban a los dioses y seres fantásticos de la energía para sustentarse. Y así se exiliaron uno por uno al interior de los valles y bosques más profundos, a desiertos y montañas sagradas, cerca de pueblos donde todavía creen en ellos o junto a tribus que aun los ven de noche y los adoran. Las buenas noticias son que nunca se marcharán, porque están unidos a nosotros y a nuestra forma de ser. Ahora sólo están escondidos, esperando el momento en el que los necesitemos de nuevo.

Libros que recomiendo a aquellos que quieran seguir soñando:
- "Especies en Peligro" de Gene Wolfe
- "Bosque Mitago" y "Lavondyss" de Robert Holdstock

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