miércoles, 18 de mayo de 2005

Aunque se tiende a pensar que la espada es el arma por excelencia de los ejércitos de la antigüedad, nada más lejos de la realidad. Las armas de asta han sido siempre mucho más populares, tanto por la facilidad para fabricarlas como por su efectividad. Por si fuera poco, usar un arma de asta no requiere de un entrenamiento especializado y tácticamente cuenta con muchas ventajas.

Al igual que ocurre con las armaduras, fabricar una espada es un trabajo de artesanía que no todos pueden costearse. Cuando son los propios reclutas los que deben equiparse para ir a la guerra, es normal que recurran a objetos familiares, como sus herramientas de trabajo. Transformar una horca o una guadaña en un arma puede ser tan simple como alargar el mango y reforzar la hoja, algo que cualquier herrero puede hacer. Hay armas de asta derivadas de hachas (la alabarda), de desgranadores de trigo (el mangual), de hoces, martillos, etc. No se requieren demasiados materiales adicionales y el proceso es relativamente rápido y sencillo.

Por otro lado las armas de asta son muy prácticas para el luchador poco experimentado. Permiten mantener al enemigo a distancia y son útiles tanto contra caballería como contra infantería. La superioridad de las formaciones de piqueros se ha demostrado históricamente en muchas ocasiones. Contra las armaduras resultan muy efectivas al concentrar la energía del impacto en un único punto, como es el caso de las lanzas, o al golpear tras realizar movimientos ámplios, como ocurre con alabardas o mayales. El daño perforante es muy peligroso para cualquier tipo de blindaje corporal y el contundente afecta por muy protegido que uno vaya.

De todas formas estas armas tienen sus pegas. Por un lado, su manejo es más bien lento, requiere de las dos manos (aunque no siempre) y de un espacio del que es difícil disponer en el campo de batalla. Una línea de lanceros es muy poderosa hasta que resulta rota por el enemigo. Maniobrar en distancias cortas contra un oponente armado con una espada y un escudo puede ser muy complicado, asi que es habitual llevar un arma secundaria a la que poder recurrir. Un luchador hábil puede desviar, inmovilizar o incluso romper una lanza y dejarnos desprotegidos.

Aquí es donde se aprecia la superioridad de la espada, que permite un uso ágil y dinámico en todo tipo de situaciones, se puede llevar al cinto y no pierde letalidad por usarla a una mano.

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