lunes, 16 de mayo de 2005

Un elemento que no se puede descuidar cuando hablamos de protecciones medievales es el escudo. Se usa desde tiempos inmemoriales y probablemente ya era parte de la equipación de combate mucho antes de que el hombre pensase en enfundarse en una armadura. Todas las culturas han creado los suyos, con materiales y diseños muy diferentes.

Existieron escudos de mimbre, cuero, madera, metal o combinaciones de todos ellos. La función para la que estuviesen destinados influía tanto en la elección del material como en el tamaño y la forma con la que se construían. Los ejércitos "ofensivos" portaban modelos más pequeños y ligeros, mientras que los que utilizaban tácticas defensivas podían permitirse cargar con escudos corporales de hasta 10 kilos de peso. El mejor ejemplo es el "scutum" de las legiones romanas, con el que los soldados construían la famosa formación de tortuga o "testudo".

La forma puede variar mucho, los hay redondos (el típico escudo vikingo), ovalados, rectangulares, con forma triangular... . La elección puede depender de aspectos culturales pero en general siempre prima el sentido práctico: por ejemplo los escudos que se estrechan por abajo, llamados de cometa o almendrados, son más fáciles de usar a caballo, ya que permiten al jinete moverlo con soltura a la vez que protegen parte de la pierna. El diseño rectangular es el preferido si lo que se busca es una cobertura "de la cabeza a los pies".

A nivel de juego nos interesan dos datos de un escudo: su capacidad de protección y el número de partes del cuerpo que puede cubrir. Puede hacerse un listado con los modelos históricos, pero es más práctico crear una pequeña tabla según el material (cuero, madera, madera reforzada, metal, etc.) y el tamaño (pequeño, mediano, grande, corporal) para cubrir todas las posibilidades.

En las reglas la utilización del escudo puede representarse de formas muy diferentes, ya sea con maniobras específicas de parada, sumando puntos de protección a las zonas cubiertas o penalizando al oponente que intente herirnos. Si en nuestro sistema queremos representar el combate con detalle, lo mejor es una combinación de todos esos aspectos, dependiendo de la situación. No es lo mismo, por ejemplo, adoptar una posición estática para soportar una lluvia de flechas que intentar detener un mandoble mientras contraatacamos. Favorecer el uso de tácticas específicas da variedad a la lucha cuerpo a cuerpo, que se vuelve más entretenida para los jugadores.

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