martes, 10 de mayo de 2005

- Cota de escamas: consiste en múltiples filas de pequeñas piezas de metal superpuestas, a modo de la piel de un reptil. Su diseño es mejor que el de la armadura anterior ya que tiene menos puntos vulnerables, pero al ser completamente metálica su peso también era mayor. Como armadura flexible, seguía siendo vulnerable a los golpes, pero muy resistente frente a cortes o apuñalamientos. Hay ejemplos del uso de este tipo de armaduras entre los legionarios romanos, sobre todo oficiales que podían permitirse un trabajo de artesanía tan complejo.

- Cota de malla: de origen celta, este tipo de armadura se construye entrelazando anillas de metal hasta crear una verdadera "tela" con la cual pueden fabricarse camisolas, pantalones, capuchas y piezas prácticamente para cualquier parte del cuerpo. Es una armadura de mucha calidad y alta capacidad de protección, que depende sobre todo del tamaño de los anillos, la densidad del entrelazado de estos y las capas que se dispongan. Es recomendable utilizar un acolchado bajo este tipo de cota porque como en el caso de la de escamas, no salva al portador de las contusiones. Las armas de filo y penetración son malas elecciones para enfrentarse a un oponente que la lleve.

- Armadura de bandas: ámpliamente usada por los legionarios romanos, se trata de una armadura formada por láminas de metal curvadas y dispuestas horizontalmente, adaptadas a la forma del cuerpo hasta que forman una cobertura, principalmente para pecho y hombros. Su rigidez daba mucha protección contra ataques de cualquier tipo pero era compleja de mantener y sujeta a la corrosión. A pesar de su probada valía nunca fue muy popular fuera del Imperio Romano.

- Armadura de placas: se trata del más alto nivel en cuanto a protecciones medievales, y su filosofía de construcción es muy simple, cubrir cada parte del cuerpo con una pieza de metal de la forma correspondiente. En su forma más sencilla serían desde pectorales como los usados por los griegos o los oficiales romanos, a las hombreras y grebas de los gladiadores. En el nivel más avanzado estarían las armaduras corporales completas que asociamos tradicionalmente con los caballeros. Extremadamente resistentes a todo tipo de ataques, las armaduras de placas podían llevarse con acolchados o cotas de malla por debajo, para aumentar aún más su efectividad. Tan solo las armas perforantes tendrían alguna posibilidad de causar daño, pero dependiendo de su grosor una coraza podía desafiar incluso al legendario arco largo inglés. Otra alternativa sería tratar de incapacitar a su portador con golpes contundentes, una tarea más arriesgada de realizar. Como inconvenientes tendríamos su peso, lo incómodo de su rigidez y su precio, excesivo para la mayoría de soldados.

Esta lista no pretende ser detallada a nivel cultural o histórico. Hay muchas variantes de estas armaduras, construidas con materiales que van desde el bronce al acero pasando por el lino, el bambú e incluso la seda. A pesar de ello, en general todas siguen los mismos principios así que estas categorías deberían servir como referencia para averiguar el tipo de protección que proporcionaban.

El siguiente paso es saber cuáles eran las armas a las que se enfrentaban habitualmente y si resultaban una buena defensa contra ellas. Lo veremos en los artículos siguientes.

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