domingo, 8 de mayo de 2005

Algunas de las preguntas que más se repiten cuando se juega en entornos medievales son ¿era este arma realmente efectiva? ¿Me protegería esta armadura? ¿Cuánto pesaría? Nadie tiene información de primera mano sobre el tema y parece que cada sistema representa la "realidad" a su manera.

En primer lugar hay que tener claro que en los juegos a los que estamos acostumbrados se tratan épocas medievales ficticias, en las que conviven armas y armaduras que nunca compartieron los campos de batalla históricamente. Hay pocos datos sobre cómo interactuarían unas con otras, ya que al no pertenecer al mismo periodo no hay registros reales de enfrentamientos y los estudiosos nunca ven la necesidad de compararlas a ese nivel.

Sería interesante recopilar la información de la que disponemos sobre el arsenal medieval y ver si se ajusta a la mecánica de combate de nuestros juegos.

Empezando por las armaduras, una división a grandes rasgos puede ser: de piel o cuero blando, de cuero duro, cota de placas o anillos, cota de escamas, cota de malla, armadura de bandas y armadura de placas. La mayoría de las protecciones históricas de los soldados entran en estas categorías, aunque sea con diferentes nombres, materiales y diseños. Hagamos un repaso por cada una de ellas para ver sus ventajas y desventajas.

- Armadura de piel o cuero: son armaduras sencillas, cómodas y fáciles de producir. En su forma más básica pueden tratarse directamente de la piel de un animal con la que un guerrero se envuelva el cuerpo. Curtida como cuero es casi una pieza más de ropa y a partir de ella pueden derivarse otros acolchados sobre los que montar armaduras más pesadas. Su mayor efectividad es contra armas cortantes, las contundentes impactarán casi con toda su fuerza sobre el portador (aunque está claro que es mejor que la piel desnuda). Las armas punzantes no tendrán demasiado problema en atravesar este tipo de armaduras porque como hemos dicho, son casi una pieza de ropa. Existen variantes tachonadas o reforzadas con más capas para aumentar su resistencia.

- Armadura de cuero duro: tras hervir el cuero y moldearlo pueden obtenerse verdaderas placas rígidas que aunque no son comparables al metal sí que ofrecen más protección que el cuero "blando" o natural. El procedimiento es barato y no necesita de muchas más materias primas que la armadura anterior, tan solo un artesano competente y algo de tiempo. Tan ligera y cómoda como la anterior, es una buena opción para aquellos que consideren la movilidad una baza importante en combate. Ofrece una buena resistencia al corte y su estructura rígida ayuda a soportar mejor los golpes de armas contundentes, pero sigue fallando contra armas de penetración.

- Cota de placas o anillos: esta armadura es principalmente un soporte de acochado y cuero sobre el que se cosen pequeñas piezas de metal. No confundir con la cota de mallas, de diseño totalmente diferente. La manufactura de la cota de anillos es más trabajosa que la de las anteriores armaduras de cuero, pero no llega a la complejidad técnica de las armaduras metálicas. Es más pesada pero también más resistente al corte. El metal insertado aumentará en gran medida su vida útil, evitando que tajos repetidos la dejen inservible. Al tratarse de una armadura a caballo entre lo rígido y lo blando, los golpes y los ataques punzantes también harán menos efecto, pero su estructura poco tupida y con muchas juntas sigue haciéndola vulnerable.

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