viernes, 15 de abril de 2005

Por muy bien que lo hagamos, no siempre será posible volver a nuestro refugio sin incidentes. En un momento u otro acabaremos en un callejón sin salida, con un zombi obstruyendo la única puerta o teniendo que cubrir una retirada mientras nuestros compañeros cargan un coche con provisiones. Entonces sólo quedará una opción: prepararnos para el combate.

Se podría pensar que hay mucha diferencia entre enfrentarse a los zombis con armas de fuego o sin ellas. En realidad, en los dos casos hay que recordar lo mismo: nuestro objetivo no es eliminarlos, sino abrirnos paso. Un zombi típico "muere" si recibe suficiente daño en el sistema nervioso central, algo complicado de lograr tanto con disparos como con armas blancas. Impactar en la cabeza no es tarea fácil, incluso a distancias cortas, así que no hay que perder el tiempo intentándolo.

Con armas de fuego nos interesará causar un daño masivo que desequilibre al zombi, así que el arma ideal será una escopeta. Si lo único con lo que contamos es un bate de béisbol, nuestra mayor desventaja será tener que acercarnos para golpear. Para hacerlo deberemos anticiparnos a sus movimientos, girando para evitar que nos toquen y atacando siempre a la cabeza o las piernas. Un muerto viviente en el suelo sigue siendo peligroso, pero mientras se levanta o se arrastra hacia nosotros ganamos los segundos necesarios para escapar. Aunque en las películas es muy popular el uso del machete, no hay nada peor que que se nos quede atascado en un hueso mientras el resto de zombis se nos echa encima.

Un arma barata y fácil de crear es el cóctel molotov, pero su utilidad contra los muertos vivientes es relativa. Un zombi arderá bien y no tendrá el reflejo de intentar apagarse como haría un humano, pero tampoco reaccionará al fuego de la misma forma. Pueden estar envueltos en llamas y seguir moviéndose para alcanzarnos, hasta que el daño recibido les haga caer. Por eso son un buen recurso como cobertura, pero no para un ataque directo. Un problema añadido al uso de los cócteles es que hay que tener cuidado con dónde se lanzan. Ya no hay bomberos para controlar los incendios, por lo tanto los interiores y cualquier zona cerrada quedan descartados. Una calle en la que no haya demasiados coches es la mejor opción.

Hay que intentar siempre entrar en combate acompañado. Recordemos que los enemigos pueden llegar en gran número y en todas direcciones, así que tener a un compañero o varios que nos cubran las espaldas nos salvará de muchas situaciones comprometidas.

Si es posible hay que evitar tanto los espacios abiertos como los excesivamente cerrados. Una plaza o un campo de fútbol son buenos sitios para correr, pero siempre habrá algún zombi al que no podamos esquivar y cuando nos encaremos con él rápidamente tendremos demasiados a nuestro alrededor. En el caso contrario, un callejón puede parecer un buen lugar porque nos permite enfrentarnos a uno o dos zombis cada vez, pero corremos el riesgo de vernos superados por más de los que podamos resistir. Lo mejor es plantarles cara en un lugar que conozcamos, con varias rutas de escape alternativas y peleando siempre para llegar a ellas, nunca para derrotarles. En una invasión zombi los muertos van a ser siempre más que nosotros, y sobrevivir ya es suficiente victoria.

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