viernes, 1 de abril de 2005

La ambientación apocalíptica del tipo "invasión zombi" siempre ha sido una de mis preferidas. En su momento ya hablamos del problema de las armas, pero habría muchas más cosas en las que pensar si se quiere sobrevivir.

Hay tres escenarios posibles para jugar: el comienzo de la infección, la etapa de expansión y el final, cuando ya la mayoría de la población ha sucumbido. En la mayoría de películas sombre zombis se tratan el segundo y tercer caso, es decir, cuando ya hay una cantidad importante de muertos vivientes por las calles.

Lo primero que hay que definir es cual es la "zona cero", el tipo de virus y su velocidad a la hora de matar. Un caso clásico es el experimento militar que se descontrola y acaba llegando a la población. "Apocalipsis" de Stephen King se basa en esta premisa, solo que en su novela la gente muere y no vuelve a levantarse. Es importante conocer la velocidad con la que actúa la enfermedad porque es probable que en un momento u otro afecte a los personajes. En "28 días después" la infección actúa a velocidad de vértigo, transformando a una persona sana en una criatura rabiosa en cuestión de segundos. Por el contrario, en "Amanecer de los muertos" de Romero del mordisco a la zombificación pasan varios días.

El caso del virus rápido es malo para los jugadores porque no hay manera de aplicar un antídoto si no se tiene a mano y en el periodo de expansión salir al exterior será tremendamente peligroso: un solo zombi puede acabar con un grupo grande de personas en pocos minutos, simplemente por el efecto dominó. La evacuación y el control de la enfermedad serían tareas imposibles. La policía y el ejército llegarían cuando ya hubiese cientos de infectados en la calle, dispuestos a contagiar a otros cientos y luego a miles. Una ciudad puede caer en horas, salvándose sólo aquellos que permanezcan en sus casas.

Aprovisionarse sería relativamente fácil porque todo estaría en su lugar, al menos en un principio. La sociedad se habría destruido tan rápido que los saqueos y rapiñas se reducirían al mínimo. Conseguir un vehículo también sería fácil, pero la mayoría de las carreteras estarían colapsadas por los coches de aquellos que fueron contagiados al volante y provocaron accidentes o embotellamientos. Los zombis estarían concentrados en los núcleos de población, ya que a nadie le daría tiempo a desplazarse más lejos.

Con el virus lento, por el contrario, primero habría rumores, noticias en la televisión, investigaciones, recomendaciones del Gobierno... . Si únicamente existiese un foco podría ser controlado, ya que el periodo de incubación permitiría poner a los individuos en cuarentena aislando pueblos o ciudades enteras. No habría efecto dominó, pero sí algo todavía más peligroso: los contagiados podrían pasar por personas sanas durante un tiempo, lo que les permitiría tomar trenes, barcos y aviones, llevando consigo el virus y multiplicando las "zonas calientes". Pensemos en lo que ocurrió con el SARS, la gripe asiática, con enfermos por medio mundo. Cuando la situación fuese irreversible habría evacuaciones y probablemente la instauración de un estado militar, con "escuadrones de la muerte" encargados de limpiar lugares críticos.

Habría saqueo y pillaje por parte de los supervivientes, con lo cual quedarían menos recursos disponibles, pero al menos muchas carreteras urbanas estarían todavía practicables, si el éxodo de los habitantes es ordenado. Los zombis estarían desigualmente repartidos: primero se extenderían por las zonas en cuarentena, luego arrinconarían a los vivos en campos de refugiados y ciudades "limpias" para finalmente invadirlo todo excepto pequeños núcleos de resistencia.

Con ese panorama, decidir qué hacer no sería tarea fácil.

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