domingo, 20 de marzo de 2005

¿Quién no se ha enfrentado alguna vez a un orco? En todo juego medieval fantástico que se precie no faltará esta raza de humanoides toscos y violentos, salidos en parte de la imaginacion de Tolkien y en parte de viejos cuentos y leyendas. Los orcos han sido desde siempre los "primos pobres" entre los enemigos de los aventureros, un contrincante a derrotar cuando se está adquiriendo experiencia y poco más.

Es normal que nadie los tome especialmente en serio. Los orcos suelen presentarse como guerreros torpes y poco organizados, peligrosos sólo en gran número. Son la infantería más baja de los ejércitos del Señor Oscuro, dejando el papel de fuerzas de choque a otras razas como ogros o trolls.

Tolkien intentó darles otro estatus en El Señor de los Anillos creando a los uruk-hai, una raza de orcos altos y fornidos que no temen a la luz del sol, pero no hace falta llegar tan lejos para que los aventureros lleguen a respetarlos.

En primer lugar hay que mostrar la sociedad orca de forma diferente, no como un conjunto de clanes gobernados por señores de la guerra, sino como un imperio militarista con un lider fuerte. A nivel de ejército, los orcos pueden ser guerreros experimentados, despiadados y brutales pero con excelentes nociones de estrategia y táctica, que manejen máquinas de guerra y cabalguen a lomos de lobos o jabalíes gigantes. De esta forma, una patrulla orca pasa de ser una mera diversión a una verdadera amenaza para los jugadores.

Las implicaciones de un imperio orco de este tipo en cualquier mundo de juego son muy interesantes. Al saberse igualados militarmente, los reyes humanos pueden verse forzados a mantener fronteras y aceptar tráfico de mercancías y viajeros que vengan de la zona. Incluso a recibir emisarios o embajadores permanentes, por mucho que les pese. En un estado de "guerra fría" así, la amenaza de invasión hará que cualquiera se lo piense dos veces a la hora de matar a un orco. Solo los reinos elfos y enanos combatirán abiertamente, pero sin grandes esperanzas de victoria y considerando a los humanos traidores por no unirse a ellos contra sus enemigos ancestrales.

Yendo un paso más allá, los jugadores pueden encontrarse con un mundo "al revés" en que los orcos hayan conquistado todas las tierras conocidas, y solo queden pequeños territorios o fortalezas desde los que los supervivientes planean incursiones y golpes de mano con la esperanza de recuperar sus antiguos territorios.

Hay muchas más posibilidades, pero a grandes rasgos ya se ve que lo que se intenta es convertir a los orcos en oponentes respetables. Así cuando el explorador del grupo aviste sus estandartes en el horizonte, nadie se frotará las manos pensando en un combate fácil.

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