jueves, 18 de noviembre de 2004

Lo que no me mata me hace más fuerte

Visitando la sección de videojuegos de unos grandes almacenes, entre uno de tantos títulos para Playstation 2 (¿qué pasó con la Playstation 1?) me encuentro con "Conan". Y como no, en su portada una frase ligada a él para siempre: "Lo que no me mata...". La película me impresionó, y el libro más todavía, porque la historia es más fantástica y épica de lo que podía imaginar al ver la versión de John Milius de la historia. Aun así hay que reconocer que Arnold hace una de sus mejores actuaciones. Y cómo olvidar la banda sonora... . ¿Mejor que El Señor de los Anillos? Sin duda.

Durante mucho tiempo tuve clavada en la cabeza la imagen de esas llanuras desoladas y el explorador Subotai surgiendo en el horizonte para rescatar a Conan del arbol de la crucifixión. Como homenaje, varios de mis personajes en partidas de Runequest y Rolemaster eran como él, bigotudos mongoles que se dedicaban a seguir rastros, pero curiosamente, nunca interpreté a Conan. El escenario, esa estepa que en realidad era Almería, me sirvió para ambientar también algunas de mis partidas. Recuerdo una en concreto en la que los aventureros cruzaban el territorio a veces andando y otras usando unas extrañas puertas, mitad maquinaria, mitad magia, que una antigua civilización había abandonado allí miles de años antes.

Como curiosidad diré que el creador de Conan fue Robert E. Howard, un visionario amigo de H.P. Lovecraft y padre también de Solomon Kane, el cazador de brujas. Cualquiera que haya visto (por desgracia) el desastre de "Van Helsing" reconocerá de dónde viene la inspiración del personaje, más que del viejo archienemigo de Drácula.

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