viernes, 29 de octubre de 2004

Repasando los diferentes personajes humanos y no humanos de "El Señor de los Anillos" con vistas a un futuro artículo me he encontrado con uno de los más impresionantes de la trilogía, tanto en los libros como en las películas: el troll.

Tradicionalmente los trolls son seres de la mitología escandinava, que pueden presentarse en forma de feos enanos o de terroríficos gigantes, viviendo en cuevas, colinas, bosques o bajo los puentes. Esta última figura del "troll bajo el puente" es muy propia de los cuentos populares que han sobrevivido hasta nuestros días.

En el caso de Tolkien los trolls parecen estar divididos en varias ramas, y su origen o características varían. En "El Hobbit" los trolls que capturan a Bilbo y son vulnerables a la luz del sol, pero parecen más inteligentes que otros. Hablan y discuten entre ellos, casi más como ogros, otros parientes monstruosos. En "El Señor de los Anillos" aparecen los trolls de las cuevas, o trolls de piedra, más grandes y brutales pero mucho más estúpidos. Tánto que en la batalla de Moria los orcos conducen a uno como si fuese una bestia. Posteriormente nos enteramos de la aparición de los Olog-hai, más poderosos y capaces de resistir la luz del sol, perfectos para formar la punta de lanza del ejército de Sauron.

Como enemigos, quizá no sean tan carismáticos como los orcos, porque carecen de su malignidad, pero sin duda aterrorizan tánto y más simplemente por su fuerza bruta. Cualquiera se echaría a temblar si sabe que una patrulla orca que se aproxima está reforzada por uno o varios trolls. Excepto en Runequest, no recuerdo que hayan sido utilizados demasiado como personajes jugadores. A nivel de interpretación un "jugador troll" tendría que soportar los prejuicios de todas las razas inteligentes, que lo mirarían con desconfianza, y aprender a vivir en un mundo que no está preparado para él en ningún aspecto, empezando por las puertas, mesas, sillas... . También tendría el handicap de su inteligencia, que limitaría su avance. Quizá demasiadas pegas para una única ventaja: ser una espectacular máquina de guerra.

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